lunes, 26 de diciembre de 2011

Malditos Dueños


Ya se que estás piantao, piantao, piantao. Ayer fue noche buena, la casa estaba alterada en idas y vueltas y vos tranquilo, durmiendo. La tarde anterior tuvo esa perfecta de combinación de hisopos, esmaltes y quitaesmaltes como protagonista, y vos ni enterado. Te veo, y te conozco. Estas piantao, y ya no se qué hacer. Va a ser casi un año que ella se fue, y se nota su ausencia en vos. Es verdad, tenés razón, después de tanto histeriqueo quizás terminó siendo verdad que no le interesabas. 
Sí, es terrible. Yo también la veía, tan cerca y tan lejos tuyo. Es raro y difícil verte así. Estas dejado, durmiendo todo el día. Pocas veces oímos tu verdadera voz, es como si ya nada te motivara. No hay palomas, atunes o cucarachas suficientes en el mundo, que te saquen de este pozo. Decíme que te va a volver a molestar que te corte las uñas, decíme que te sigue volviendo loco la zanahoria, Miles decímelo. La gente se muda todo el tiempo. Y se muda con sus mascotas. Porque los humanos somos así. Queremos creer que determinados animales nos pertenecen, sin tener en cuenta que quizás, ellos pertenecen a otro ejemplar de su misma raza. 

Solías verla desde la otra ventana. Se ve que te es difícil ver el vacío.
Perdón por retenerte, y por hacer de tu vida un tango triste y melancólico.
¿Un poquito de yogur?

lunes, 28 de noviembre de 2011

Sonidos vecinos

No es el, obviamente. No es pelado.
Pegada a mi cama hay una pared con una ventana. Si me paro en la cama, veo de perfil un balcón de un edificio. A la izquierda, el techo de una casa. Para abajo, un pequeño jardín con parrilla. Y a la derecha, una ventana tapiada. 

Hace 16 años que vivo en esta casa y hace 11 que este cuarto es mío. En esa ventana, a la derecha de mi perspectiva, había un trompetista. En las noches de verano, cuando mi ventilador era el más lento de toda la casa, y el aire acondicionado no existía, solía dormir con mi ventana abierta. Imaginaba que en esa casa había un trompetista solitario, pelado, que se consolaba con el sonido soplado de su instrumento. 
Lo imaginaba con una remera, un chaleco y un sombrerito, junto a su ventana, frente a algunas partituras. 

Hace años que no lo escucho más. Hoy en día los sonidos de Palermo son los temas más candentes del momento. Chorrean melodías pegadizas por los balcones y aperturas de las estructuras de la cuadra. Hoy me di cuenta que esa ventana está tapiada. Quiero creer, que el único motivo por el cual alguien tapiaría una ventana, es para acustizar una sala de ensayo. Quizás el trompetista volvió a tocar, pero humillado por las músicas contemporáneas, se guarda sus notas para el solo.

martes, 22 de noviembre de 2011

Esto es grave. O no. No se.

Es que el problema, fundamentalmente, es que sos tan pero tan lindo. Porque tu lindura es esa que no es linda, es esa que me gusta a mí. Es que tus intentos de sonrisas pueden desagradarle a cualquier ser humano con un mínimo sentido del gusto, pero a mi me desarman. Tu lindura es tan fea, que no necesito que nadie la apruebe, porque cuando pones esa cara que explica mientras te revolves el pelo, quedan invalidadas todas las posibles justificaciones sobre lo poco coherente que son tus facciones. 
Tenes cejas anchas y despeinadas, y unos labios medio extraños que tienden a evocar a la tristeza. Es verdad que la forma de tus ojos que recuerda a un dibujito animado, no lo niego, y también reconozco que ese dibujito no es para nada atractivo. 


No se si sos feamente lindo, o lindamente feo, pero creo que ponga donde ponga la mente, me gustaría seguir tomando unos mates con vos. 

jueves, 10 de noviembre de 2011

No hacen falta tantos adjetivos, no no.

Qué bien, qué rica, qué suerte, qué oportuna, qué deliciosa, qué culo, qué tetas, qué graciosa, qué gordita, qué petiza, qué histérica, qué loca, qué rara, qué inteligente, qué cachetona, qué pesada, qué gritona, qué insoportable, qué buena, qué linda, qué ruidosa, qué inquieta, qué vaga, qué dormilona, qué quejosa, qué vieja, que joven, QUE TANTAS COSAS. 
Y YO, DIGO QUESO CARAJO, QUESO SEÑORES Y SEÑORAS. QUESO PARA TODOS Y TODAS.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Pandemia


Ilustración de Mecke Vásquez
Cardiólogos especialistas de todo el mundo en conjunto con las fuerzas armadas, la CIA, Interpol, FBI, PFA, la metropolitana y la conurbana, están estudiando este fenómeno. 
La línea entre lo espiritual y la ciencia ha sido una vez más desafiada por este tipo de agravios. Es el dolor más frecuente en muchachas en sus veintes. 
Hospitales enteros, salitas, consultorios privados de medicina experimental, oriental y alternativa han sido atiborrados de jóvenes que presentan el mismo cuadro: 
- lagrimales estirados
- maquillaje viejo y corrido
- medias can can rotas
- intensa chocodependencia
- profundo e incesante autocuestionamiento interno, externo, por arriba y por abajo.
- debilidad por el sueño
- necesidad constante de escuchar All By MySelf, de Celine Dion.
- tendencia autodestructiva en lo que compete a relacionarse vía celular los días viernes y sábados de 4 a 6AM, especialmente si la paciente ha consumido bebidas alcoholicas.
- envidia y odio viceral e irracional en todo lo que al amor compete.

En grandes rasgos la presentacion de la paciente no varía demasiado. Para algunas puede que sea Real Love, para otras Your Body Is A Wonderland, y para las más exóticas el Preludio en Emenor de Chopin. 
Los estudios no concluyen en un diagnóstico viable, que asegure el reparo total de las atrocidades que este especímen causa en ellas. Las autoridades no descansarán hasta encontrarlo, pero el último comunicado extraoficial menciona la posibilidad de una gran banda de delincuentes, que operan del mismo modo, y lo más alarmante, es que no todos son conscientes de sus hechos. 


A ella, una de las tantas pacientes.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Una gauchada

Si no es mucha la molestia. Sólo si no te causa gran contradicción. Quizás te queda de paso. Tal vez ya que estas ahí podrías intentar. Muy despacito y tranquilo, nada más, y si te sale. No querría forzar nada. Es simplemente si llegas, si te parece que es factible. Te lo pediría como un favor, pero me da un no se qué. Tal vez no te sale... 
Pero sería bueno, sería bárbaro, sería genial, que si podes, sólo si podes, me trates bien.
Sino todo bien eh. 

martes, 30 de agosto de 2011

Mirada en dosporcuatro


Desde que llegué, estoy esperando que de una vez por todas termines de ponerte los zapatos, acomodarte la remera, atarte el pelo, reir y sonreir con tus acompañantes, para por fín mirarme. Fascinada observas los dibujos que los pies trazan en el piso, alguna figura asombrosa se la comentas a tu amiga, y te debe haber dicho algo muy gracioso, porque estallaste con una carcajada que casi distrae a los dueños de esos pies dibujantes. Estabas nerviosa y ansiosa, era la primera vez  que le hacías caso a tu profesor, y te mandabas a la milonga con todas esas clases, esos tacos, y esa sonrisa encima. Ya no estabas en La Viruta, tenías que estar dispuesta a ese abrazo universal, y salir del lugar de aprendíz, para adentrarte en el verdadero mundo del tango. Se ve que la milonga que sonaba la conocías y querías, porque en seguida dejaste de lado todos los preparativos y abriste tus ojos a la pista, como haciéndonos saber a los que pretendíamos llevarte, que estabas lista. Tu necesidad era tal, que sentí que debía controlar mis cordones, no vaya a ser que en nuestro primer baile te caigas por torpeza mía. Me deshacía pensando en ese diálogo en silencio que estábamos a punto de tener, cuando terminé de alistar mis zapatos, alcé la vista, y otro te me había cachado.

Era hermosa la velocidad de tus piernas, y esas claras ganas de comunicarte, y que este otro no entendía.
Un poco despeinada, y con sed de seguir, saliste de la pista para tomar agua, ni bien terminó tu melodía. La pieza que seguía no la conocías, aunque ya estabas tan metida que no te importó, cuando me dejaste cabecearte. Me mantuviste la mirada, pero no te acercabas, y yo pensaba que mi intento de hacerme el viejo milonguero no había surtido efecto. Para ser  claro, deje de lado los códigos, me pare, te ofrecí mi mano, y tímidamente solté un '¿Bailás?'. Tu altura, tu espalda, mi brazo, mis manos, ese perfume que me dejó con intriga, todos elementos que en sumatoria, daban como resultado el abrazo perfecto. A media medida empecé, como para mostrar respeto, pero con el pasar de los compases tu mano se acomodaba en mi segundo homoplato, pidiendome que te lleve a donde yo quería. Yo tampoco conocía lo que sonaba, y por eso, durante tres minutos ambos desnudamos el alma en esa improvisación, propia de cualquier casa de citas de principio del siglo XX. Te acompañé a la mesa ambos callados, no queríamos arruinar nada de lo que había pasado recién. Tan damita fuiste después, y tan canyengue habías bailado. Lo único que me dijiste fue un 'Gracias' medio entre suspiros antes de sentarte con tu amiga, que te esperaba con esa cara asombrada 
-nunca te había visto bailar así-.

Si no fuera tan vueltero, hubiera bailado con vos toda la noche, pero tenía un gran presentimiento de que era mejor retirarme en alta, para encontrarnos otro día, en una misma improvisación.